Polo Democratico Alternativo
Austria
Cultura > Poetas y luchas latinoamericanas. La poesía que toma partido hasta mancharse (II): Otto René Castillo
--

 

Otto René Castillo:

Un grito en la tierra

  

 Qué lástima que tuviera

vida tan pequeña,

para tragedia tan grande

y para tanto trabajo.

 

O.R.C.

 

 

Hace ya más de dos lustros me desplacé por primera vez de Jönköping a Karlskrona para visitar a un amigo titiritero. El viaje lo hice en un carro viejo al cual le fallaba todo menos el pasacintas. Recuerdo que era septiembre y que el camino parecía mucho más angosto y aburrido de lo que en verdad lo es. En vano procuré soportar la travesía escuchando boleros. Pero ni siquiera la voz caribeña de Daniel Santos cantándole enaltecido a una tal Linda me fue de gran ayuda. Al contrario, la nostalgia arreció de tal manera que llegó hasta los limites de mi tristeza. Por fortuna alguien había olvidado en la guantera del carro un casete marcado burdamente a mano: recital de poesía trunca. No se aclaraba en dicha cinta magnética de quien eran los poemas ni quien los declamaba. Lo sorprendente es que unas líneas del recital me arrancaron de raíz la congoja que los boleros me habían impregnado:

 

Ahora

tienes que irte

de mi corazón

                 tristeza.

Ya no me gustas.

Ella,

        ¿te acuerdas todavía?,

trajo en su mano

tu mirada de ceniza.

Ahora se ha marchado,

            tristeza,

con nuestra tarde

                             en su alma.

Si ya no están sus ojos,

                                        fíjate.

Si hace falta su voz.

Si sus dedos de luna

                                      ya no maduran

su ternura en mi piel.

¿Para qué vas a quedarte?

 

Al llegar a casa del amigo, le narré de las vicisitudes del viaje y de inmediato le mostré el mencionado casete. Lo escuchamos mientras nos tomábamos un vino hecho en casa. Entonces, sin reprochar mi ignorancia, me hizo saber que los poemas habían sido escritos por vates comprometidos con la lucha de sus pueblos y que el verso de la tristeza era de Otto René Castillo, un guatemalteco a quien los militares le propinaron una de las muertes más horrendas que se hayan cometido en el nombre de la guerra fría. De regreso a Jönköping no tuve tiempo para el aburrimiento, pues tenía afán de llegar pronto para empezar a indagar sobre el destino del inmolado poeta guatemalteco. Así lo hice. Averigüé que nació en la población de Quezaltenango, en 1936. Sus primeros años los vivió durante un período infame, cundido de tiranos por todos los rincones de la tierra. A los dictadores latinoamericanos les había dado por esa época la locura adicional de bautizar los lugares públicos con sus nombres o con los nombres de sus tutores imperialistas. El sátrapa de Guatemala, Jorge Ubico, no podía ser la excepción. Como buen putero y cazador de indios que era, ponía su nombre y apellido hasta en las entradas de los burdeles. Afortunadamente no hay dictador que aguante cien años en el poder, ni patria que los resista. El general Jorge Ubico, pocos años más tarde, tuvo que salir corriendo ante la cólera de los desposeídos de Guatemala. Para ese entonces el futuro poeta y mártir ya leía de corrido y empezaba a sentir la diferencia abismal entre el depuesto gobierno dictatorial y el nuevo gobierno democrático de Juan José Arévalo y, aún más, del carismático presidente impulsor de la reforma agraria, Jacobo Arbenz.

 

En ese ambiente de reformas y dignidades Otto René Castillo llegó a la adolescencia. Es fácil imaginar su entusiasmo y orgullo al ver que por primera vez en la historia de su patria los indígenas empezaban a ser tratados como seres humanos y los obreros dejaban de ser esclavos que morían exhaustos en las plantaciones de la United Fruit. Desde la beligerante Asociación de Estudiantes, Otto René Castillo era consecuente con su Arte Poética:

 

Hermosa encuentra la

vida

quien la construye

hermosa.

Por eso amo en ti

lo que tú amas en mí:

La lucha por la

construcción

hermosa de nuestro

planeta.

 

Pero la vida hermosa tiene enemigos feos que la miran con ojos de balas de cañón y la muerden con dientes negros de pólvora. Uno de ellos era el coronel Carlos Castillo Armas, a quien la United Fruit Company y la CIA lo pusieron al frente de un ejército mercenario para que se hiciera cargo de "suprimir por la fuerza el comunismo en Guatemala". El escritor Eduardo Galeano nos cuenta qué pasó luego, en 1954:

 

"El gobierno de Arbenz asiste, paralizado, a su propio derrumbe. Los bombardeos aéreos llegan a la capital y revientan los depósitos de combustible. El gobierno se limita a enterrar a los muertos. El ejército mercenario, Dios, Patria, Libertad, atraviesa la frontera. No encuentra resistencia. Por dinero o por miedo, los jefes militares rinden sus tropas sin disparar un tiro. Un médico argentino de veintipocos años, Ernesto Guevara, intenta, en vano, organizar la defensa popular en la capital: no sabe cómo ni tiene con qué. Improvisadas milicias deambulan, desarmadas, por las calles. Cuando Arbenz manda, por fin, abrir los arsenales, los oficiales se niegan a obedecer. Uno de estos días sombríos y sin grandeza, Guevara sufre un ataque de asma y de indignación; y una medianoche, al cabo de dos semanas de bombardeos, el presidente Arbenz baja lentamente las escalinatas del Palacio Nacional, cruza la calle y pide asilo en la embajada de México."

 

A México también fue a parar Ernesto "Che" Guevara, a ganarse la vida vendiendo en un parque estampitas de la Santísima Virgen de Guadalupe. Y Otto René Castillo, con escasos 18 octubres a cuestas, arrancó para el vecino país de El Salvador, a buscarse el pan del día trabajando como celador nocturno en un parqueadero de carros. De vez en cuando también pintaba con cal de colores y brocha gorda las fachadas de las casas salvadoreñas. El poco dinero que recibía le alcanzaba para pagar el arriendo y para poderse sentar en los bares, en compañía del poeta Roque Dalton, a beber cerveza y a observar detenidamente las muchachas que pasaban moviendo sensualmente las partes más carnosas y menos aristocráticas de sus cuerpos.  En la época de lluvias de 1955 se vincula al "Círculo Literario Universitario", que un grupo de poetas revolucionarios había creado en San Salvador. El mismo Roque Dalton nos recuerda que estos poetas "hicieron una vida militante y bohemia: de la reunión del Partido se iba a la cervecería y en ocasiones al revés, surgieron los grandes amores efímeros, las trágicas pasiones que repetirían hasta el cansancio Los Versos del Capitán."

 

En ese ambiente pagano y utópico Otto René Castillo desarrolla intensamente su poesía y su pensamiento político. Ese mismo año gana el Premio Centroamericano de Poesía y el año siguiente obtiene en su país el Premio Autonomía de la Universidad. Para esa época, ya sus versos se empiezan a conocer en Europa, donde obtiene en Budapest el Premio Internacional de Poesía 1957, otorgado por la Federación Mundial de Juventudes Democráticas. Al poco tiempo toma la decisión de regresar a su desangrada Guatemala, haciéndole caso a la estrofa de uno de sus versos:

 

Es lejos mi país

y sufre tanto,

que uno es incapaz

de ser feliz,

lejos de sus torres.

 

Ya radicado nuevamente en Guatemala ingresa a la facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de San Carlos. Pronto se destaca como trabajador incansable de la cultura y como estudiante disciplinado, por lo cual se hace merecedor de una beca para ir a estudiar a la República Democrática Alemana. A los dos años de estar estudiando Letras en la universidad de Leipzig, se vincula a la famosa brigada del cineasta holandés Joris Ivens, quien tenía el proyecto de filmar el accionar de las organizaciones guerrilleras de América Latina. En 1964 regresa a Guatemala, publica el poemario Tecun Uman, y con esmero y zozobra combina la actividad cultural y la lucha clandestina. Pero un año más tarde es descubierto y encarcelado. Ni siquiera en la cárcel pierde el tiempo, sino que se dedica a corregir los borradores del poemario Vámonos patria a caminar, que logra publicar antes de ser deportado. En su nuevo exilio recorre nuevamente Alemania, Austria, Hungría, Argelia, Chipre y finalmente Cuba, donde permanece algunos meses antes de  ingresar clandestino a su patria, a jugarse en la práctica uno de sus versos más conocidos:

 

 

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño

 

Yo bajaré los abismos que me digas.

Yo beberé tus cálices amargos.

Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.

Yo me quedaré sin voz para que tú cantes.

Yo he de morir para que tú no mueras,

para que emerja tu rostro flameando al horizonte

de cada flor que nazca de mis huesos.

 

Tiene que ser así, indiscutiblemente.

 

Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo.

Ahora quiero caminar contigo relampagueante.

Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre

del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.

Ay, patria.

A los coroneles que orinan tus muros

tenemos que arrancarlos de raíces

colgarlos de un árbol de rocío agudo,

violento de cóleras de pueblo.

Por ello pido que caminemos juntos. Siempre

con los campesinos agrarios

y los obreros sindicales,

con el que tenga un corazón para quererte.

 

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.

 

Poemas como ese son como las inyecciones de penicilina: causan un dolor horrible, pero sanan. Sobretodo del mal de la memoria de la cual muchos arrepentidos hoy día padecen. En enero de 1997, mediante un acuerdo entre el gobierno y las tropas rebeldes, en las cuales un día militó Otto René Castillo, se le puso freno a medio siglo de dolor, de exterminio. Sin embargo creo que las montañas de Guatemala tomarán tiempo en abrirse para contarnos sus secretos. Es posible que lo hagan, arrulladas por el canto de algún quetzal que cura heridas. Entonces sabremos con certeza, cuándo fue asesinado Otto René Castillo. Por el momento sabemos que fue en un día desventurado de finales marzo de 1967. Después de caer heridos en combate él y su compañera Nora Paiz, fueron detenidos y torturados. ¿Está escrito en las plumas de ese quetzal el dolor que padeció el poeta cuando sus brazos y piernas fueron arrancados de su cuerpo y arrojados a la hoguera que los militares tenían encendida en la base militar de Zacapa?

 

 

 

 

 

 

Polo Democrático Alternativo
Dirección   |   Tel.:   |   Fax:   |   E-mail: pda_austria@yahoo.es

Valid XHTML 1.0 Strict Valid CSS!